26 de Octubre de 2021
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Política 14 de Octubre de 2020

En homenaje al Dr. Zumarán,  se recordó su rol como productor rural

El Senado homenajeó al Dr. Zumarán, quien además de dirigente político de destacada actuación en la transición hacia la democracia fue notorio productor rural con incidencia directa en la creación de INIA y en la elaboración de la Ley Forestal.

Política 14 de Octubre de 2020

En homenaje al Dr. Zumarán,  se recordó su rol como productor rural

El Senado homenajeó al Dr. Zumarán, quien además de dirigente político de destacada actuación en la transición hacia la democracia fue notorio productor rural con incidencia directa en la creación de INIA y en la elaboración de la Ley Forestal.

Hébert Dell’Onte Larrosa – Montevideo – TodoElCampo – Alberto Zumáran, cuyo nombre completo era Alberto Sáenz de Zumarán Ortiz de Taranco nació en Montevideo, 10 de octubre de 1940, y falleció el 4 de agosto de 2020, tenía 79 años. Fue abogado y dirigente político del Movimiento Nacional de la Patria (PLP), y como tal fue candidato a la presidencia de la República en 1984  y 1989. Ayer el Senado le rindió homenaje, el primero de los oradores fue el senador Jorge Gandini, actual líder de PLP, quien destacó varias facetas del dirigente político, entre ellas su participación en el área rural.

“Lo debemos recordar por su participación activa en la implementación de la Ley Forestal, en la creación del INIA, en la exigencia de que su sede estuviera en la Estanzuela y no en Montevideo, en la creación de la Junta Nacional de la Granja.  También en la creación de la Corporación Nacional para el Desarrollo, proyecto impulsado por Wilson desde el Directorio partidario y en el primer proyecto de descentralización”, dijo Gandini.

Zumarán fue “un productor rural, involucrado en la producción directa, pero también en el desarrollo del sector granjero y del sector cooperativo”, destacó  y recordó que siendo “muy joven integró la Cooperativa Jumecal, propuso e impulsó la construcción de una planta frigorífica para la zona productiva de Melilla, a partir de la cual Jumecal se constituye en referente de la fruticultura. Fue presidente de la Cooperativa en 1993 y 1996”.

También presidió la Comisión Honoraria de Montevideo Rural “y logró promulgar el decreto departamental declarando Área protegida la zona de Melilla y los Humedales del Santa Lucía”.

Además Gandini subrayó que “su chacra fue centro experimental junto al CIAAB (Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger) y luego con el INIA”; y como productor integró la Junta Directiva del INIA.

Son particularmente sensibles las declaraciones de los funcionarios, directivos y socios de Jumecal luego del fallecimiento de Zumarán, valoraciones que fueron citadas por Gandini: “Desde el restablecimiento de la democracia en 1985, Alberto Zumarán fue quien puso a la granja en la agenda del gobierno. Hasta entonces, el sector era inexistente en el sector público, y por ende en las prioridades en el gasto, a excepción de la vieja Estación Experimental Las Brujas del CIAAB”.

“Alberto Zumarán nos dio una enorme enseñanza de la gestión pública y privada en la cooperativa, generando vínculos que se han mantenido en el tiempo siendo ejemplo perdurable para nuestra fruticultura, tanto en materia de nuestra producción doméstica como nuestra salida al exterior a los mercados de la región”, agrega Jumecal; y finaliza que “su espíritu, sus enseñanzas, sus largas horas dedicadas al fortalecimiento institucional de nuestra institución en Melilla y en toda la fruticultura, siempre perdurarán en nuestra memoria, y llenarán en parte el vacío de su desaparición física”.

LAS SIGUIENTES SON LAS PALABRAS DEL SENADOR GANDINI EN EL HOMENAJE AL DR. ZUMARÁN.

Agradecer a las otras bancadas que acompañan este homenaje, no por cortesía con el Partido Nacional sino por tratarse de un reconocimiento a quien fuera un destacado ciudadano en la lucha por la libertad, la reconquista de la democracia y la gobernabilidad del país.

Agradecer a la presidenta del Senado por permitir el acceso limitado y cuidado desde lo sanitario, lo que hace posible la presencia de su familia, entre los que se encuentran algunos de sus hijos y Ángela Aguerre, su compañera de toda la vida y de todas las vicisitudes, militante  activa y comprometida, hasta el día de hoy, del Movimiento Nacional Por la Patria.

Destacar que se encuentra en sala su hija, la senadora Magdalena Zumarán, querida compañera de innumerables jornadas de la juventud, nos separan algunos años, pero nos acercan muchísimos hechos y recuerdos comunes.

Protagonista desde la intimidad familiar de alegrías y angustias por las que atravesó Alberto durante los años tensos y difíciles en los que se hacía camino al andar, en medio de la oscuridad, sabiendo de riesgos pero sin medirlos.

El cuerpo rinde homenaje hoy al Dr. Alberto Saenz de Zumarán Ortíz de Taranco,  Alberto Zumarán para todos, ‘el Panza’ para los amigos, para los militantes y para sus jóvenes.

“UN HOMBRE BUENO”.

Primero, lo primero. Un hombre esencialmente bueno, bondadoso, de principios, sencillo en el trato y profundo en las convicciones.  Honesto, valiente y leal.

Su sonrisa siempre le precedía, su risa lo anunciaba, serio y de buen humor.

Su vida entera fue la de un servidor (esto tiene mucho significado para un blanco).

Los jóvenes lo quisimos mucho.

Los jóvenes siempre y en todos lados abrazan y defienden las causas más nobles y justas y por eso lo elegimos.   

Zumarán fue para mi generación un referente, abanderado de esas ideas en el país de la libertad, de la democracia, la participación, la justicia, los derechos humanos.

Para los jóvenes wilsonistas, para los de Por la Patria, era un gusto servir con él.

Wilson era el líder, pero estaba lejos, era hasta desconocido físicamente para muchos de nosotros, era un cassette, una foto, un discurso, ideas, principios, coraje, motivación.

Zumarán era el conductor acá, el referente, el que nos escuchaba siempre, el que nos entendía, el que iba preso por un editorial, el que ponía el pie en la puerta cuando otros nos la querían cerrar.

Entendió y apoyó a los jóvenes blancos que no éramos “”comunistas”, dicho entre comillas, a los que abríamos causa con ideas  propias en el movimiento popular, los que fundábamos Asceep y nos entreverábamos en el reconocimiento del  PIT, los que refundábamos la Juventud de Por la Patria, los que hacíamos caminos nuevos y no siempre comprendidos, los de la Secretaría de Asuntos Sociales con Miguel Cecilio, los que buscábamos espacios blancos en las CUPN, en la CENI, en la CSPN, aglutinando multitudes juveniles al costado del Movimiento estudiantil, sindical, rural, de profesionales y jubilados con don Luis Colotuzzo. 

A los que se reagrupaban barrio a barrio en las Coordinadoras, con Guillermo Seré a la cabeza.

Wilson era el motivador, el líder, el imán que generaba la atracción de jóvenes y transformaba silentes soñadores con la libertad, en activos militantes.  A veces hasta se podía confundir al líder, con la propia causa.

Zumarán fue para muchos de nosotros el referente, el consejero, el constructor de la lucha diaria, el apoyo a lo nuevo en el Partido que se renovaba en ideas, en alegría y organizaciones. 

El viejo tronco que tiene raíz profunda y flores nuevas, dijo Wilson por aquellos tiempos.

No quiero ser injusto con otras figuras tan relevantes y queridas para mi generación y las que la sucedieron, como el Prof. Carlos Julio Pereyra, seguidor de Barrios Amorín, fundador del MNR, compañero de Wilson, constructor, junto al inolvidable Fernando Oliú, de ACF.

Incansable luchador por la libertad y la Justicia, referente moral y ético.

Ni con otros liderazgos emergentes de aquellos tiempos, como el Dr. Gonzalo Aguirre o como el de un joven dirigente que irrumpía por camino propio como el Dr. Lacalle Herrera y que enfrentaba con la misma dignidad los atropellos de los usurpadores del poder democrático. Ni con Dardo Ortíz o Silveira Zabala.  Parte de aquel triunvirato que dirigió el Partido en épocas de exilio, persecución y proscriptos.

Es así que entre ellos, muchos consagrados ya en la política, emerge Zumarán, que fue a quien muchos de nosotros elegimos para encolumnarnos. Pero no nace allí.

No eligió empezar una carrera política cuando la política estaba prohibida porque la democracia, el gobierno  del pueblo, estaba encarcelada.  Las circunstancias, esas de Ortega y Gasset, lo habían elegido a él.

EL PRODUCTOR RURAL.

Zumarán era un joven estudiante de derecho que combinaba el estudio con su tarea de  productor rural.

Cuenta Alberto Volonté   -que también nos honra hoy con su presencia-, en el diario El País, que Zumarán se levantaba antes que saliera el sol para ir a buscar manzanas a una chacra que tenía su madre en Melilla.  Un rato antes de las 7 estaba en el Mercado Modelo, y cerca del mediodía llegaba a su casa para ponerse a estudiar.

Volonté cuenta que muchas veces, a Zumarán se le cerraban los ojos. “¡Panza, te estás durmiendo!”  “Flaco, me levanté a las 3 de la mañana…” recuerda.

Después de la muerte de Herrera en 1959, con unos 20 años, fundan el Movimiento 8 de abril, fecha del fallecimiento de aquella enorme figura partidaria, junto a Diego Terra que lideraba el grupo, al Toba Héctor Gutiérrez Ruiz, Alberto Volonté, a Fernando de Posadas, a José Frances, entre otros.

Frecuentaban El Debate, escuchaban a Eduardo Víctor Haedo y en 1962 integraron la lista 904 encabezada por Mario Heber y en 1971 se integraron al naciente Movimiento Nacional Por la Patria, de la mano del Toba, que estaba muy cerca de Wilson.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA Y LAS ELECCIONES DE 1984.

Cuando nos atrapa el golpe de Estado, Zumarán era un joven de 32 años, de allí en adelante desarrolla una intensa actividad, creciente en intensidad y responsabilidad en la resistencia a la dictadura, cumpliendo un papel importantísimo en el Plebiscito del 80 y las elecciones internas de del 82, en las que no pudo ser convencional por la CBU de Canelones porque estaba preso, como tantas veces, y la dictadura le prohibió, igual que a tantos proscriptos de los partidos fundacionales, ser candidato. 

Elecciones en las que el Frente Amplio estaba proscripto en su totalidad y alguno de sus partidos declarados ilegales.

Fue director de La Democracia, semanario del Movimiento Nacional Por la Patria, y vocero del wilsonismo.

Proscripto pero con voz y representación en la pluma y el discurso valiente y siempre contundente de Zumarán.

Junto a muchos otros fue preso una y otra vez, siempre por sus opiniones y firmes convicciones democráticas. Detrás de él íbamos nosotros.

Fue uno de los organizadores del Acto del Obelisco, desde su estrado, junto a otros 130 representantes de toda la sociedad democrática, participó y oyó aquella maravillosa proclama leída por la enorme voz de Alberto Candau, escrita entre otros por la pluma de Gonzalo Aguirre.

Cuenta Zumarán en algún reportaje que tenía  gran temor de que fuera poca gente, por miedo a la represión.

Finalmente aquel día se incorporó a nuestra mejor historia como un “Río de Esperanza” que ocupaba cuadras de ciudadanos convocados bajo la consigna “Por un Uruguay Democrático y sin Exclusiones”, como ruta de salida que luego no se pudo concretar.

Lo recuerdo en la multipartidaria, recorriendo el país, visitando a los ayunantes que lo hacíamos por siete días, en tandas de a 10 durante 7 semanas, en el piso superior de la sede de PLP en Colonia y Andes, bajo la consigna “Por la Libertad de Wilson y todos los presos políticos”.

Lo recuerdo con Susana Sienra y con Silvia –que también nos acompaña en esta jornada- en tiempos de visitas a los presos y las manifestaciones de cada día en Plaza Libertad a las 15 hrs.

Lo recuerdo hablando con nosotros, la militancia joven, gremial y de las coordinadoras, para convencernos que debíamos ir a las elecciones, que la abstención no era el camino y hacernos abandonar aquel grito de rebeldía, “Nada, nada, si no es con Wilson no queremos nada”.

Siempre estuvo con nosotros.

Y fue nuestro candidato junto a Gonzalo Aguirre con Wilson preso, en elecciones con proscriptos y partidos prohibidos.

No buscó ese lugar, se lo ganó.

A fuerza de coraje y lealtad.

La distancia puede hacer perder la perspectiva. Por eso es bueno recordar que Zumarán tenía sólo 44 años cuando le tocó ocupar ese lugar, cuyo candidato natural era nada menos que Wilson Ferreira Aldunate.

Fue un hombre confiable, sano, con valores y principios, pero también con muchísimas ideas propias para el desarrollo del país en libertad y con justicia social.

Ese era su mayor desvelo.

Fue así y desde allí que la noche del 25 de noviembre fue a saludar y reconocer el triunfo de Julio María Sanguinetti, asegurando el reconocimiento del gobierno con el respaldo del Partido Nacional, en un gesto de enorme valor institucional.

Decisión difícil de comprender por muchos que no podíamos olvidar que en ese mismo momento Wilson estaba preso en un cuartel de Trinidad.

La madrugada del 1° de diciembre Wilson, recién liberado de su cautiverio,  llegaba a la explanada municipal, rodeado de pueblo después de recorrer una larga ruta flanqueada por fogones que alumbraban aquella noche inolvidable.

Dijo muchas cosas importantes y puso cimiento para el futuro institucional del país. En aquella madrugada, de tanta relevancia y emoción, Wilson dijo de Alberto Zumarán: “Los uruguayos advirtieron que tenían en Zumarán un hombre de Estado y además un hombre de bien, provisto de esta relación con la multitud. De confianza recíproca. Teníamos en Zumarán uno de esos hombres a quienes basta mirarlo a los ojos para creer en lo que nos dice…”

Wilson fue electo presidente del Directorio del Partido Nacional en aquella impresionante convención del 23 de febrero de 1985 en el Palacio Peñarol, y Zumarán se transformó en el conductor de PLP en el Senado, lugar que obtuvo junto a Carlos Julio Pereyra en la lista W.

LA LEY FORESTAL, EL INIA, LA GRANJA.

Fue también un gran senador, lo debemos recordar por su participación activa en la implementación de la Ley Forestal, en la creación del INIA, en la exigencia de que su sede estuviera en la Estanzuela y no en Montevideo, en la creación de la Junta Nacional de la Granja.  También en la creación de la Corporación Nacional para el Desarrollo, proyecto impulsado por Wilson desde el Directorio partidario y en el primer proyecto de descentralización.

Y quiero recordarlo también por el proyecto que se conoció como el Proyecto Zumarán-Batalla, presentado por senadores de dos partidos distintos, enfrentados en la salida de la dictadura, enfrentados en el Parlamento y en sus ideas en diciembre de 1985, que abordaba con visión y claridad la violación a los Derechos Humanos en la dictadura. No prosperó y fue superado por los hechos y la Ley de Caducidad un año después.

No puedo terminar esta semblanza sin destacar que Zumarán fue también, a lo largo de toda su vida, un productor rural, involucrado en la producción directa, pero también en el desarrollo del sector granjero y del sector cooperativo.

Se integró muy joven a la Cooperativa Jumecal, propuso e impulsó la construcción de una planta frigorífica para la zona productiva de Melilla, a partir de la cual Jumecal se constituye en referente de la fruticultura. Fue Presidente de la Cooperativa en 1993 y 1996.

Fue presidente de la Comisión Honoraria de Montevideo Rural entre 1995 y 2000, y logró promulgar el decreto departamental declarando Área protegida la zona de Melilla y los Humedales del Santa Lucía.

Estuvo siempre vinculado a la investigación en la grande, desde la época del Centro de Investigaciones Agrícolas a través de la Estación Experimentas Las Brujas.

Su chacra fue centro experimental junto al CIAAB (Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger) y luego con el INIA.

Fue representantes de los productores en la Junta Directiva del INIA. En agosto de este año, luego de su fallecimiento; declararon los funcionarios, directivos y socios de Jumecal: “Desde el restablecimiento de la democracia en 1985, Alberto Zumarán fue quien puso a la granja en la agenda del gobierno. Hasta entonces, el sector era inexistente en el sector público, y por ende en las prioridades en el gasto, a excepción de la vieja Estación Experimental Las Brujas del CIAAB”.

“Alberto Zumarán nos dio una enorme enseñanza de la gestión pública y privada en la cooperativa, generando vínculos que se han mantenido en el tiempo siendo ejemplo perdurable para nuestra fruticultura, tanto en materia de nuestra producción doméstica como nuestra salida al exterior a los mercados de la región”, agrega Jumecal; y finaliza que “su espíritu, sus enseñanzas, sus largas horas dedicadas al fortalecimiento institucional de nuestra institución en Melilla y en toda la fruticultura, siempre perdurarán en nuestra memoria, y llenarán en parte el vacío de su desaparición física”.

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