24 de Agosto de 2019
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Apicultura 29 de Diciembre de 2018

Hay que salvar las abejas

No olvidar que la agricultura es la primera y auténtica beneficiaria de los servicios prestados por las abejas. Su contribución en términos económicos es realmente significativa, más que la renta directa de la apicultura (miel, cera, polen y otros productos).

Apicultura 29 de Diciembre de 2018

Hay que salvar las abejas

No olvidar que la agricultura es la primera y auténtica beneficiaria de los servicios prestados por las abejas. Su contribución en términos económicos es realmente significativa, más que la renta directa de la apicultura (miel, cera, polen y otros productos).

TodoelCampo/Montevideo-Ahora que ha vuelto con fuerza el tema de la desaparición de las abejas con sus incontables consecuencias, y hasta se habla de la creación de abejas robots para la polinización, es bueno saber que hay científicos que no han parado de buscar una solución al problema.
Sabido es que de las abejas depende la reproducción de muchísimas especies vegetales, desde las manzanas y el algodón hasta la mayoría de los cultivos con los que se nutre al ganado.
Ya lo había dicho Albert Einstein, las abejas son muy importantes para el desarrollo del hombre ya que sin ellas el 60% de las frutas y verduras que hoy consumimos desaparecerían, al no ser polinizadas.
De las 100 especies de cultivos que abastecen el 90% de los alimentos del mundo, las abejas polinizan más del 70% de ellos. Además, polinizan más de 25.000 especies de plantas con flores. Sin estos insectos la actividad agrícola prácticamente desaparecería.
Una desaparición sistemática de la especie implicaría graves desequilibrios en la economía mundial, ya que están relacionadas con la generación de miles de millones de dólares anuales en productos agrícolas.

Una vacuna

Científicos creen haber descubierto en Finlandia la primera vacuna en el mundo para proteger a las abejas y evitar el desplome de la población de estos insectos, lo que podría causar una crisis alimentaria mundial.
En los últimos años estos preciosos insectos han sido diezmados por el “síndrome del desplome de las colonias de abejas”, un misterioso mal. Se acusa de provocarlo a los ácaros, los pesticidas, los virus o los champiñones, e incluso a una mezcla de varios de estos factores.
Según la ONU, más del 40% de los polinizadores invertebrados, en particular las abejas y las mariposas, están amenazados de extinción. Su vertiginoso declive podría, según los científicos, generar un alza de los precios de los alimentos y riesgo de penurias.
En ese marco de investigación, un equipo de la universidad de Helsinki creó una vacuna que procura a las abejas la resistencia necesaria para combatir enfermedades microbianas graves, potencialmente mortales para las comunidades de polinizadores.
“Si podemos salvar aunque sea a una pequeña parte de las abejas con este invento, creo que haríamos nuestra buena acción, salvando un poco al mundo” declaró Dalial Freitak, investigadora que dirige el proyecto. “Sería incluso enorme un aumento del 2 al 3% de la población de las abejas” afirma a la AFP.
Se creía antes que era imposible vacunar a insectos, ya que no tienen anticuerpos, uno de los principales mecanismos que los humanos y otros animales usan para combatir las enfermedades. Pero en en 2014 Freitak, especialista de insectos y de inmunología, se dio cuenta de que las mariposas alimentadas con ciertas bacterias transmitían su inmunidad a su descendencia.
Freitak y Heli Salmela, que trabajaba sobre abejas y proteínas, crearon una vacuna contra la loque americana, la más extendida y destructora de las enfermedades bacterianas de la abeja. El tratamiento es administrado a la reina de las abejas mediante un azucarillo, de la misma manera en que los niños reciben la vacuna contra la polio. La reina transmite luego su inmunidad a su progenitura. El equipo intenta que la vacuna esté disponible en el mercado, pero “hay numerosos obstáculos reglamentarios” por lo que habría que esperar “cuatro a cinco años para llegar al mercado es una estimación optimista”, según Freitak.

¿Qué las mata?

Los científicos creen que las enfermedades sólo son una de las numerosas causas de la pérdida de polinizadores. También lo son la agricultura intensiva, que reduce la diversidad de la alimentación de insectos, y los pesticidas. Pero el equipo de Freitak cree que la protección de poblaciones de abejas contra las enfermedades las hará más fuertes, y por tanto mejor dotadas para resistir a las demás amenazas.
La Unión Europea y Canadá votaron a favor de la prohibición de neonicotinoides, considerados muy nocivos para la reproducción de las abejas. Según un estudio de la ONU, el equivalente de 507.000 millones de euros de alimentos cultivados cada año depende directamente de los polinizadores. El volumen de alimentos producidos que dependen de los polinizadores aumentó un 300% en los últimos 50 años. Con la disminución de los polinizadores, algunos agricultores han acudido al alquiler de abejas o a la polinización manual, como es el caso de árboles frutales en algunas regiones de China.
En Helsinki, el proyecto está apoyado en una financiación exterior, pero el equipo intenta proseguir sus investigaciones en la Universidad de Graz en Austria, la del célebre zoólogo Karl von Frisch. Sus descubrimientos sobre la danza de las abejas como método de comunicación y su aplicación al lenguaje humano le valieron el premio Nobel de medicina en 1973.

Así trabaja esta “profesional”

En cada ocasión en que una abeja recoge néctar de una flor, o néctar y polen, y se desplaza a otra para hacer lo mismo, realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas: la polinización.
Entre la infinidad de insectos que participan en la polinización, la abeja melífera (Apis mellífera) es por lejos la más eficaz. Si hace varios años de cada cien insectos visitadores, las abejas constituían el 70-80%, hoy día, debido al progresivo retroceso de especies polinizadoras salvajes a causa de las condiciones ambientales, el porcentaje alcanza el 90-95% de todas las visitas de insectos. Por lo tanto, se puede considerar a la abeja como una profesional de la polinización.
Haciendo un recuento, imaginemos una colonia en la que viven unos 60.000 individuos, de los que aproximadamente dos tercios (unos 40.000 aproximadamente) salen todos los días a buscar polen y néctar, con una frecuencia diaria de 15 a 20 viajes, durante cada uno de los cuales visitan de 30 a 50 flores.
Así, para una sola colonia, en un día se alcanzan millones de flores visitadas diariamente. Si además sabemos que cada flor cede a la abeja néctar en cantidades que se miden en miligramos, para cada kilo de miel hacen falta cientos de miles de visitas. Este rápido repaso nos aportaría entonces una somera idea de la magnitud del fenómeno.
Y no debemos olvidar que la agricultura es la primera y auténtica beneficiaria de los servicios prestados por las abejas. Su contribución en términos económicos es realmente significativa, más que la renta directa de la apicultura (miel, cera, polen y otros productos). De ahí la gran importancia de intentar salvar a los polinizadores de este inminente apocalipsis.

 

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