26 de Setiembre de 2017
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Actualidad 16 de Abril de 2013

Las lágrimas que caen

"La soberbia de las primeras horas luego de su metida de pata diciendo que no iba a recorrer el mundo pidiendo perdón, se derrumbó ante la inevitable carga que lleva como presidente que lo obligaba a hacerlo".

Actualidad 16 de Abril de 2013

Las lágrimas que caen

"La soberbia de las primeras horas luego de su metida de pata diciendo que no iba a recorrer el mundo pidiendo perdón, se derrumbó ante la inevitable carga que lleva como presidente que lo obligaba a hacerlo".

Javier García/Todoelcampo – Las disculpas de Mujica fueron otro ejemplo de habladuría innecesaria. Una larga lista de argumentos lacrimógenos para adornar una estruendosa marcha atrás, que además estaba obligado a hacer. Le sobraron a sus disculpas toda esa increíble argumentación sobre los calabozos, la dictadura, las fugas de Punta Carretas, el tango, Martín Fierro y además esa innecesaria adulonería final hacia Argentina y la, según él, fantástica era kirchnerista. Terminar las disculpas alabando al kirchnerismo para lograr congraciarse con Cristina no parece ni sensato ni ubicado.

El argumento de Mujica con el que pretende justificar su macana es que las groserías eran su medio de subsistencia. Dice que el “chamuyo” y los apodos eran su moneda corriente y por eso se expresó en un tono normal para él. En principio no creo que los apodos sean un elemento distintivo de su formación, en Uruguay lo hay para todos, y en algunos departamentos los aplican con bastante originalidad desde mucho antes que naciera Mujica. La verdad que no encuentro que eso de llamarle “tuerto” o “vieja” sea adjudicable a las noches revolucionarias de Mujica. Muchos los usan comúnmente, gusten o no, y no pasaron nunca por el MLN. Claro, tampoco ninguno es presidente de la república.

Lo otro, lo de asimilar su grosería con un origen pobre ya es otra cosa. Ahí su explicación es ofensiva porque eso de que la pobreza es igual a mala educación y vulgaridad, es agraviante. Se puede ser rico y ordinario, pobre y ordinario y además muy bien educado siendo rico pero además siendo muy pobre. Si algo fue revolucionario en nuestro país fue la escuela pública, donde nos educamos todos y eso nos permitió distinguirnos como pueblo. Él podrá adjudicar su desplante a cualquier cosa pero no a no haber recibido en Uruguay una educación de las mejores del mundo en su época.

Pero el centro de su larga excusa es esa justificación que supone que hay una clase de dirigentes a los que hay que perdonarles todo porque sufrieron mucho y pasaban de calabozo en calabozo, es un argumento que a esta altura no se aguanta más. A todos los políticos se les aplica una medida pero hay algunos, ellos lo sugieren, que son diferentes, a los que el sufrimiento los perdona, pero además lo usan políticamente y nos plantean subliminalmente que la sociedad está en deuda con ellos. Yo no estoy en deuda con Mujica ni con sus compañeros, los uruguayos no les debemos nada, muy por el contrario. Eso no se puede aceptar. Cada uno eligió su camino, nada justifica la tragedia que vivieron, pero tampoco les da crédito de ningún tipo.

El tono en sordina de Mujica expresando una filosofía de bolsillo, la justificación de los calabozos y los cuarteles, el “chamuyo”, lo reo, los códigos de supervivencia entre guerrilleros, todo eso es una enorme mascarada sin ningún valor para justificar la ordinariez.

La soberbia de las primeras horas luego de su metida de pata diciendo que no iba a recorrer el mundo pidiendo perdón, se derrumbó ante la inevitable carga que lleva como presidente que lo obligaba a hacerlo. En verdad cualquier persona de bien cuando se equivoca lo debe hacer.

Alcanzaba con un simple “perdón, me equivoqué”. Eso hubiera desinflado el problema. Lo del jueves fue de más, pero revela algo que ya aburre y molesta: nos quiere convencer que su pasado lo perdona. No lo condena pero tampoco lo perdona.

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