14 de Diciembre de 2017
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Actualidad 08 de Octubre de 2013

La Justicia

Javier García: Las pasiones políticas ocultan, a fuerza de fanatismos, cosas que deberían estar muy claras. Las últimas semanas el Poder Judicial fue arrinconado y mostrado como un poder cuestionado.

Actualidad 08 de Octubre de 2013

La Justicia

Javier García: Las pasiones políticas ocultan, a fuerza de fanatismos, cosas que deberían estar muy claras. Las últimas semanas el Poder Judicial fue arrinconado y mostrado como un poder cuestionado.

Javier García/TodoElCampo – Las pasiones políticas ocultan, a fuerza de fanatismos, cosas que deberían estar muy claras. Las últimas semanas el Poder Judicial fue arrinconado y mostrado como un poder cuestionado. El ataque no es a sus fallos sino que es previo a éstos, es para que no falle. Todas las decisiones de cualquier poder y jerarquía del Estado están naturalmente sujetos a la crítica. No hay "vacas sagradas" que estén por fuera del alcance de la libertad de opinión y expresión. En este caso, sin embargo, se da otra circunstancia: lo que se quiere evitar es que la Justicia actúe, no se critican sus actuaciones sino simplemente que actúe.

La República se funda en el normal funcionamiento de los tres poderes, con normas constitucionales que claramente fijan atribuciones e independencias recíprocas. Impedir que uno actúe es impedir que funcione la democracia, o sea que es muy grave. Normalmente se identifica al país con su Poder Ejecutivo porque ejerce su representación, pero la República no es el Poder Ejecutivo ni lo es tampoco el Legislativo o el Judicial, son los tres en funciones. No hay uno sin el otro para completar el cuadro democrático. Algunos grafican esto y dicen que puede haber democracia sin la figura de un presidente, pero nunca sin parlamento libre. Y agrego: sin Justicia independiente.

Las últimas semanas al Poder Judicial se lo jaqueó mientras muchos miran para el costado como si fuera tema de los jueces. Se equivocan. Desde la presión que ejercieron tres ministros que fueron a manifestar su malestar a la Suprema Corte de Justicia meses atrás por un fallo dado en el estricto funcionamiento constitucional de ese órgano, hasta la ocupación de la sede de la SCJ, pasando por los agravios a jueces y fiscales, todo eso constituye una foto preocupante. Sería un escándalo que se tomara por asalto y ocupara el despacho del presidente de la República o la sala de ministros. Lo que pasó con la ocupación de la Suprema Corte de Justicia no es diferente a eso. Es ocupar violentamente la sede de un poder de los tres que define nuestra democracia. Fue un acto donde se quiso demostrar que la fuerza puede impedir que funcione la Justicia. ¿Alguien del partido que sea estaría tranquilo viviendo en un país donde sus magistrados, sus jueces y fiscales están sometidos al piquete que los insulta y los amedrenta? ¿La libertad está a resguardo y garantizada cuando los fallos se someten a la presión de quien más grita? ¿Quién tiene más posibilidades de beneficiarse, el que grita o el que como la inmensa mayoría no tiene poder de presión?

Los jueces y fiscales, que actúan con aciertos y con errores como cualquiera, tienen una diferencia con quienes nos sometemos a las urnas. Nuestra actividad es subjetiva, proponemos para transformar en decisiones administrativas o leyes soluciones a temas diversos y pedimos el voto frente a otros que tiene otras opiniones. Nos sometemos a los votos que eligen. Los magistrados no se someten a los votos, sino a las leyes y a su aplicación estricta, es una actividad objetiva. Descalificar a un juez o un fiscal por su apellido para impedir que aplique justicia revela un acendrado espíritu fascista. El mismo fascismo que sometió a jueces y fiscales durante la dictadura, persiguió y enchastró a magistrados y ordenaba desde los cuarteles lo que se tenía que decidir en los juzgados. No es distinto, es el mismo fascismo.

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