20 de Noviembre de 2017
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Actualidad 10 de Setiembre de 2013

Integrados, no diluidos

El diputado García denuncia la intervención de organismos internacionales en asuntos de nuestro país, "bajo una participación activa y poderosa que viene desde el exterior, irrumpe en el escenario nacional" y manipula la opinión pública.

Actualidad 10 de Setiembre de 2013

Integrados, no diluidos

El diputado García denuncia la intervención de organismos internacionales en asuntos de nuestro país, "bajo una participación activa y poderosa que viene desde el exterior, irrumpe en el escenario nacional" y manipula la opinión pública.

Javier García/TodoElCampo – De un tiempo a esta parte, en temas sensibles para los uruguayos, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales extranjeras y sus sucursales aquí presionan e inciden en la aprobación de leyes nacionales. Desde la derogación de la ley de caducidad que había sido refrendada por la soberanía en dos oportunidades hasta otros casos más cercanos en las últimas semanas, una participación activa y poderosa que viene desde el exterior irrumpe en el escenario nacional.

Con la legalización de la marihuana, un caso reciente y bien notorio, se dio además otra variante que es la financiación de publicidad muy costosa en los horarios centrales de los canales para que se aprobara la ley. El origen del dinero es externo, no se conoce su procedencia, pero cae por aquí para incidir en la opinión pública. No se registran antecedentes de un caso tan extraño y sospechoso. ¿Cuál es el interés filantrópico que puede tener dinero del exterior que viene a estas latitudes, un país pequeño del sur, para generar presión en la aprobación de una ley?

Durante un año a esto se agregó la visita de un conjunto de personas con títulos variados y pericia también variopinta que viajaron con la misma intención. Algunos eran traídos por la presidencia de la República y recibidos con pompas. Su voz fue multiplicada en ámbitos oficialistas que le abrían puertas, oportunidad que no tuvieron organizaciones nacionales que querían hacer valer su opinión.

Ahora con la ley de medios sucede otro tanto. Esta semana vino un relator de Naciones Unidas para la “libertad de expresión” que pontificó sobre las bondades de la iniciativa oficialista e incluso sugirió como modificar algún artículo. Casi que fungió de legislador.

Una cosa es la integración de Uruguay a los organismos internacionales que es natural, buena y necesaria y otra muy distinta es que a partir de la misma algunos se abroguen el derecho de querer incidir desde el extranjero en decisiones soberanas. Las consecuencias de las leyes que aplauden, de las que opinan y aconsejan aprobar tienen consecuencias aquí en nuestro territorio, y las sufriremos nosotros y no esta nueva clase de burócratas bien pagos que recorren el mundo hablando de lo que conocen por Google. Lo mismo organizaciones no gubernamentales que como en el caso señalado movilizan dinero desconocido. Rechazamos de plano esta teoría de la supranacionalidad que deja por el camino algo esencial que es la independencia de intereses extranjeros y la soberanía para decidir según lo que nos convenga a nosotros y no a otros. Cuando hay tanto samaritano interesado de afuera es bueno desconfiar.

Vibramos con la libertad de expresión, o mejor dicho con la libertad, a secas. El problema no es que opinen, sino que nuestro gobierno abra puertas cediendo ante pedidos para que ejerzamos de laboratorio internacional como en el caso de la legalización de la marihuana. O que para justificar la regulación de los medios se sirva de la presión de organizaciones que no tienen ninguna autoridad para dictar clases. La libertad de expresión está “irrita, nula y sin ningún valor para siempre” en algunos países donde encarcelan o matan a periodistas o reina el despotismo y no se siente la solidaridad internacional ni la misma presión de aquellos que deberían sentir como propia la ausencia no de una ley de medios, sino de la libertad.

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