20 de Noviembre de 2017
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Actualidad 09 de Marzo de 2016

Inquisición criolla

Amarilla tiene fe cristiana y practica los ritos de su espiritualidad evangelista, lo hace en su vida privada, sin molestar a nadie y en uso de su derecho y convicción.

Actualidad 09 de Marzo de 2016

Inquisición criolla

Amarilla tiene fe cristiana y practica los ritos de su espiritualidad evangelista, lo hace en su vida privada, sin molestar a nadie y en uso de su derecho y convicción.

Javier García-Montevideo/TodoElCampo – El diputado Gerardo Amarilla (foto) asumió la presidencia de la Cámara de Representantes porque antes fue electo diputado por su pueblo, en forma libre y consciente. Lo conocen y por eso lo eligieron, y nuestro partido, que se fundó en defensa de la ley, lo propuso para esa responsabilidad. Está formado en el Derecho, además, pero tiene otro aditamento y es que siendo muy joven se comprometió con la libertad y la Constitución a tal punto que la lucha contra la dictadura lo tuvo en primera fila, mientras alguno de sus críticos de hoy disfrutaban de sus mieles. Amarilla tiene fe cristiana y practica los ritos de su espiritualidad evangelista, lo hace en su vida privada, sin molestar a nadie y en uso de su derecho y convicción.

Para la nación artiguista la libertad religiosa es un derecho inalienable que el Jefe reconoció y ordenó a sus representantes defender. Recordemos las Instrucciones del Año XIII: “Se promoverá la libertad civil y religiosa en toda la extensión imaginable”.

Esta semana pasó algo muy particular: la condición religiosa de nuestro compañero fue tema de debate y además cuestionada por algunos dentro y fuera del Parlamento, casi como incompatible con su responsabilidad. Es más, hizo que un legislador no lo votara y que muchos hablaran de él en términos peyorativos. Uruguay, en términos de discriminación, retrocedió varios casilleros esta semana, porque Amarilla fue discriminado por su fe. Todos los años se vota presidente en la Cámara, sin embargo es la primera vez que recuerdo que alguien haya sido objetado por su religión, al punto de declararla incompatible.

Seguramente en la historia legislativa hayan pasado por esa investidura personas de toda condición política, religiosa, profesional, sexual, filosófica, y de las que se les ocurra. La novedad es que en esta oportunidad el elegido expresa públicamente su credo evangelista. ¿Eso es una tacha? Para algunos sí. Es decir que es criticado por lo que cree, no por lo que efectivamente hizo en el cargo. Es tal el fanatismo laicista que fue censurado sin haber asumido, es decir por lo que se supone pueden ser de negativas sus creencias para el buen desempeño del cuerpo.

Militantemente, un laicismo fundamentalista y discriminador impregna a algunos círculos en el Uruguay. Tiene una predilección por aquellos que profesan las religiones cristianas, por algo se empieza. Estos nuevos cruzados combaten la laicidad que por definición no excluye ni discrimina, integra a todos. Para que exista laicidad debe inexorablemente haber libertad. El Estado es laico porque el país es libre. Cuando falta la libertad, desde el poder se impone un credo uniforme que autoriza o no la expresión de las ideas; se las persigue y se llega a matar, como vivimos aquí también, a quien piensa diferente a ese poder. Pasa, desgraciadamente, desde el inicio de la humanidad. La laicidad es una garantía y una expresión de la vigencia plena de los derechos humanos. El laicismo es la antítesis, es irracional y fanático, y es violador de los derechos individuales.

Ser liberal en serio no es fácil, hay que dedicar mucho tiempo a defender un pluralismo inclusivo que nos desafía a ser mejores y a buscar la verdad en el otro. Incluso, como decía Wilson, “a defender primero la libertad de aquel otro que si estuviera en nuestro lugar, negaría nuestra propia libertad”.

Y vaya que lo intentan.

 

(Foto de Todos).

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