27 de Mayo de 2017
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Actualidad 13 de Agosto de 2013

Bonomi, hágase cargo

"Es triste para la sociedad que el ministro no pueda mirar a sus subalternos a los ojos. Y triste para él no dar la cara y solo infundir el temor del jerarca que puede sancionar y no de quien debe liderar".

Actualidad 13 de Agosto de 2013

Bonomi, hágase cargo

"Es triste para la sociedad que el ministro no pueda mirar a sus subalternos a los ojos. Y triste para él no dar la cara y solo infundir el temor del jerarca que puede sancionar y no de quien debe liderar".

Javier García/TodoElCampo – El martes la sensación era de impotencia e indignación. Había rabia en cada conversación entre vecinos, en el trabajo, o en las casas. Los tiros y la violencia que se cobraron la vida de Carlos, el Policía, golpearon e hirieron a todos. Era un trabajador humilde, que vivía en la misma comisaría décima porque aún no había formado su propio hogar y provenía del interior. Sus compañeros de trabajo estaban destrozados, comentaban que apenas sucedido el tiroteo y sabida la existencia de una muerte empezaron a recibir llamados en sus celulares y en la comisaría para saber quién era la víctima, sin saber responder por un rato quién de ellos no volvería.

Los vecinos filmaron la balacera en plena calle o desde sus ventanas, poniendo en riesgo sus vidas en una reacción instintiva como es registrar lo que se cree casi que irreal. Pero fue real, no ficción.

La indignación generalizada confirma que se pasaron todos los límites. No fue una tragedia, aún mayor, por casualidad. Se puede decir legítimamente que no hay medida ni política que garantice que estas cosas no sucedan, pero también es verdad que son más probables que existan cuando desde arriba se hacen discursos permisivos y se ensayan durante años teorías compasivas con la delincuencia. Si las estadísticas de aumento de la violencia que se reiteran, el lunes habían salido las cifras oficiales que confirmaban el crecimiento de las rapiñas, se atenúan con excusas y explicaciones en vez de asumir que fracasaron las políticas, entonces no se espere que la violencia se frene. Una rocambolesca argumentación ensayó Bonomi diciendo que "mejoraron los instrumentos pero no la seguridad". Tonta explicación.

El ministro tiene preconceptos ideológicos que no puede superar. Nunca escatimó conferencias de prensa para anunciar medidas disciplinarias y señalar la lucha contra la corrupción de policías cuando se descubrió, hay que ser duro con eso. Pero no se siente dentro de la institución policial la misma decisión y voluntad para respaldar a la inmensa mayoría que se juega la vida muchas veces con menos medios que las bandas criminales. Para hacer política con los desvíos nunca falta el tiempo, que no aparece, para respaldar a la inmensa mayoría que se la juega.

La sociedad no necesita un ministro del Interior que se pasa echando culpas a otros, sino simplemente que se haga cargo de su responsabilidad. Ninguna de las reformas sucesivas de la Policía pensadas por él o por su equipo dio resultados. Y eso lo dicen los números de la violencia que nunca dejó de crecer bajo su mandato.

Que un ministro deba esconderse de sus subalternos como sucedió esta semana, y no pueda mirarlos a los ojos, es muy triste para la sociedad. Debe ser muy triste para él también no dar la cara y solo infundir el temor del jerarca que puede sancionar y no de quien debe liderar la institución.

Seguirá en su cargo porque no renunciará ni el presidente lo sacará. Ser amigo y correligionario de Mujica le puede garantizar seguir en su asiento pero no le asegura el respeto de la fuerza que debe comandar para seguridad de todos y menos el de la sociedad que con clamor, a gritos, pide que se vaya. No por razones políticas sino simplemente por aquello de que no pudo garantizar derechos humanos que han sido y son violados y por una delincuencia que se desató y lo derrotó. Bonomi es el responsable, sin medias tintas.

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